Todo lo que quiero por Navidad

Ahora que estamos en Navidad, qué fácil es recibir regalos y qué difícil es pedir deseos. A mayor capacidad de los Reyes Magos, mayor abanico de opciones y mayor complejidad en la elección. Lo queremos todo y en el fondo no queremos nada, solo nos interesa la efímera experiencia de la posesión, y por eso normalmente pedimos dinero, porque con él en nuestro bolsillo todas las opciones están a nuestro alcance. Pero es que además lo queremos todo a la vez, para después desear lo mismo pero con algo diferente, el nuevo modelo, la nueva aventura. Qué pena despreciar lo sólido, lo duradero, lo profundo. ¿Consumista? ¿Superficial? ¿Avaricioso? El mundo se fue a la mierda cuando empezamos a creer que podíamos ser los protagonistas de una película de Hollywood. Soñar no es malo pero sí demasiado barato.

Tener mucho siempre me ha parecido sinónimo de disfrutar poco. La vida no consiste en ser el más rico sino el más feliz y eso no se consigue a través de las cosas sino de las personas, de los esfuerzos que hacemos por ellas y de los que ellas hacen por nosotros. Si acaso, para que no me nombren moñas del año, y como mucho en un 20%, quizá también podamos rascar algo de las cosas cuando se comparten, por ejemplo una suite de un hotel cinco estrellas con ella, pero solo una variable es fija: las personas. O lo que es lo mismo, el tiempo que dedicamos a ellas. Dicen que no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita. Yo, pobre de mí, solo la necesito a ella.

Y no se ha descrito mejor que en un villancico la desesperante sensación de saber exactamente lo que quieres por Navidad: Santa Claus no me hará feliz estas navidades con un regalo bajo el árbol de Navidad. Ni una bici nueva, ni una nueva cámara de fotos, ni siquiera un nuevo iMac o una bolsa llena de pasta, nada de eso. Lo siento Melchor, este año estás jodido. Y aunque nunca te olvides de ese pack de calcetines de colores que cae todas las fiestas y que tanta me falta hace en estos últimos días de diciembre, yo este año ya sé todo lo que quiero por Navidad: quiero un huracán.

Uno que lo destruya todo y represente un antes y un después, uno de esos fenómenos que solo se viven una vez en la vida y que la cambian para siempre si se sobrevive a ellos. Un huracán que acabe con todo hasta terminar conmigo, a mi lado, y que nunca nunca me deje escapar. Quiero un huracán para, sencillamente, no querer nada más…

Autor

Nuwanda

90% postureo, 10% perversión. Dicen que en general me opongo. Escribo sobre las cosas de la vida sin periodicidad determinada. Comenta, pregunta lo que quieras y comparte ;-)

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