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Hechos son (des)amores

A veces la vida explica las cosas a guantazos. Mis mejores amigos tienen la sana costumbre de decirme lo que piensan en ese mismo momento, sin filtros, sin importar nada más, y aunque puede resultar doloroso, es sobre todo útil. Pero la vida, como decía, es un poco más puta, carece de sentimientos –desde luego no hacia mí– y constituye un flujo constante de personas, sorpresas y desengaños. Las palabras pueden ser muy jodidas, más cuanta mayor verdad encierren, pero los hechos son implacables y no dejan lugar.

Yo, como soy un idealista, mantengo la fe en las causas perdidas a pesar de amigos y hechos. Tan perdidas como dar con el negocio redondo, encontrar y alquilar el piso perfecto o pillar cacho en La Quiniela. Mi madre dice que de bueno parezco tonto cada vez que le cuento un desamor y yo le digo que soy de los que quieren con el alma y que no me llame iluso por tener una ilusión.

Uno acude al bar cargado de expectativas, colonia de clase media, zapatos limpios y la cama hecha. Y aunque tuve el lujo de estar un rato a solas con ella y la oportunidad de comportarme como un puto señor, la realidad no dejó de joderme el final de la película. El amor, otra disciplina vital más, no es ajeno a este fenómeno y, como quien no quiere la cosa, ella está en los brazos de otro, suspirando por uno de sus besos, haciendo añicos cualquier esperanza. Ni siquiera el garrafón con sabor Chivas fue suficiente para seguir allí.

Año tras año tengo más claro que no me puedo permitir perder el tiempo en nada que no merezca, cuanto menos, unas palabras. Y hay historias que no tienen más recorrido y yo soy más exigente con cada frase.

@NuwandaVive

Autor

Nuwanda

90% postureo, 10% perversión. Dicen que en general me opongo. Escribo sobre las cosas de la vida sin periodicidad determinada. Comenta, pregunta lo que quieras y comparte ;-)

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