Guerrera (II)

Y un día Hércules se cruzó con Xena, incluso Batman con Catwoman en una de las mayores aberraciones del cine que jamás se han visto. The winter is coming y Danaerys Targaryen llega para formar el caos. Las guerreras parecen estar de moda pero yo ya las había descubierto hace mucho, y lo conté. Lo que sí es nuevo es que una se haya plantado en mi cara pidiendo batalla, armada hasta los dientes, asegurando no tenerme ningún miedo. Y efectivamente, tiene un agujero de más en las orejas, bebe más jagger que yo y es feliz generando el caos, mi caos.

Su trayectoria es un aval pues ha vencido a cuantos se ha enfrentado, haciéndoles perder la cabeza y dejando tras de sí un reguero de corazones rotos. Lo que tiene la guerra es que todos tenemos las manos manchadas. Y es posible que comparta con todos esos cadáveres algunos sentimientos, no sería raro pues los hombres somos en general simples, pero ninguno ha visto lo que veo yo, ninguno se lo ha dicho como se lo he dicho yo. Dura, como todo buen rival, impone su ley sin levantar la voz, mirando de esa forma, hablando tan bajito… Jamás me permitiría decir que es romántica, incluso cuando se comporta como tal, como tampoco se puede opinar de ciertos aspectos que son y han sido competencia exclusivamente suya desde el minuto cero. Entre las prohibiciones se encuentra decir “cari”, todo un buen augurio.

Y como todos los economistas, sé que la información es poder, seguramente lo más valioso, y no se me ocurre nada peor para un estratega que tener un enemigo que conoce sus planes. Y no es que los haya robado o me los hayan chivado, es otra cosa. ¿Cómo llamar a anticiparse a casi todo? ¿A tener la certeza de su reacción ante determinado ataque? Ella lo llama compatibilidad, yo he preferido llamarlo magia. Lo mejor de esa capacidad premonitoria, de esa especie de telepatía, es que conozco también sus puntos débiles, entre ellos –inexplicablemente– yo. Una caricia furtiva en las piernas por debajo de la mesa del restaurante o un beso inesperado donde empieza el cuello. Se cree fuerte pero pasa demasiado tiempo desarmada.

Por eso pienso pelear con todo… Como sé que no le gusta hablar por las mañanas, le diré las cosas por escrito, como sé que no le gusta que le toquen el pelo voy a hacer que beba para que le de igual y como sé que le gusto yo, voy a atacarla sin negociación ni pausa para que no tenga escapatoria. Y es que sin lucha no hay gloria, sin heridas no hay mimos y sin espíritu guerrero la vida solo es una sucesión de mañanas, tardes y noches. Al fin un enemigo a la altura, un adorable botín, una guerra que merezca la paz. Por todo ello y aún sin estar del todo recuperado de la última batalla, solo pienso en la siguiente. Hasta que palme o hasta que gane.

Al pan, pan. Y a la guerrera, guerra.

Autor

Nuwanda

90% postureo, 10% perversión. Dicen que en general me opongo. Escribo sobre las cosas de la vida sin periodicidad determinada. Comenta, pregunta lo que quieras y comparte ;-)

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