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Ella o el pivón de la estratosfera

Me han dicho muchas veces que tengo cierta inteligencia emocional. Me gusta pensar que es cierto y que escribir no es más que otra forma de expresarlo, de ejercitar esa parte del cerebro. Modestia aparte, esa capacidad tan femenina a veces permite ver cosas que los ojos no perciben. Como cuando alguien te está mintiendo, o cuando es culpable de algo o cuando ha echado un polvo en las últimas horas. Son cosas que se notan o no se notan. Sin embargo, con Ella no noto absolutamente nada. Y no sé si la odio o la quiero más por ello. Dicen que lo importante es invisible a los ojos y yo me pregunto: ¿cómo será de importante aquello que tampoco se huele, ni se toca, ni se escucha y que sin embargo ahí está?

Resulta, por tanto, impredecible y eso siempre es sexy, como cuando le quitas la camiseta y lleva una lencería nueva o cuando te dan un torta picantona mientras haces el amor. Minipunto para ella, obvio. El problema de dicha incertidumbre es que también resulta más difícil de satisfacer. Y no, no me refiero solo al sexo, aunque supongo que también. No saber lo que quiere, cuándo lo quiere o cómo lo quiere es más cómodo cuanto más sumiso y pasivo es uno, pero es una trampa mortal para construir una relación a largo plazo. No ver lo que tenemos delante solo mola si además estamos esposados al cabecero de la cama, en el resto de los casos, sobre todo cuando se trata de Ella, viene siendo poco rentable.

Y no me digan que la historia no tiene tintes de comedia romántica. Chico se acerca a chica y ella dice no. Chica se acerca a chico y él dice no. Él vuelve al ataque y ella tiene un novio imbécil que roza la perfección salvo por un secreto oscuro y maligno. Ella, ya con certezas acerca de sus sentimientos, vuelve al ataque justo cuando él cuenta las horas para casarse con un pivón de la estratosfera con diez años menos y la sonrisa más perfecta que ha esculpido el Creador. Y puede que él regrese, o puede que no. En este juego uno no sabe en qué punto de la partida se encuentra –yo el primero– hasta que ya se ha terminado.

Un desayuno perfecto en un día de invierno profundo, una sorpresa un miércoles cualquiera o una carta de amor en mitad de noviembre, soy capaz de todo eso y mucho más. A romanticismo no me gana nadie, yo me follo a Ryan Gosling. Flores, cocina, fotografías, palabras infinitas… Sin embargo, solo me inspiro con Ella, justo Ella. Y me cago en Ella, de verdad que lo hago regularmente, incluido en este blog, como si de una dieta antiestrés se tratara. ¿Qué hará falta? ¿Qué buscará?

Un gesto, un único gesto es lo que necesito para que nada vuelva a ser igual que antes, del resto me encargo yo.

@NuwandaVive

Autor

Nuwanda

90% postureo, 10% perversión. Dicen que en general me opongo. Escribo sobre las cosas de la vida sin periodicidad determinada. Comenta, pregunta lo que quieras y comparte ;-)

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